EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO II - VERSÍCULOS 8 - 11

“Escribe al ángel de la iglesia de Esmirna: Así habla el primero y el último, el que estuvo muerto y volvió a la vida. Yo sé que tú sufres y eres pobre. En realidad, eres rico. Yo sé cómo te calumnian los que pretenden ser judíos y que más bien son la sinagoga de Satanás. No te asustes de lo que vas a padecer. El diablo meterá en la cárcel a algunos de ustedes para ponerlos a prueba. Serán diez días de prueba. Permanece fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias: El vencedor no tiene nada que temer de la segunda muerte”

Es una carta pastoral dirigida al obispo de la iglesia de Esmirna de parte de Jesucristo, Nuestro Señor. Cristo se presenta a sí mismo como el Dios eterno y resucitado entre los muertos:

“Así habla el primero y el último, el que estuvo muerto y volvió a la vida”

Esmirna es una de las ciudades del Asia Menor con mayor historia. Durante siglos fue conquistada y reconquistada por muchos imperios, entre otros: El imperio griego, el imperio romano, el imperio bizantino y hoy en día es posesión turca con cerca de dos millones de habitantes.

La iglesia de Esmirna es famosa por las dos cartas que escribió San Ignacio de Antioquía: Una a la iglesia de Antioquía y otra a su gran colaborador, San Policarpo. Esta ciudad ha dado a la Iglesia grandes mártires. Precisamente, fue San Policarpo, obispo de Esmirna, uno de sus mártires más famosos. Según se lee en las actas de los mártires cristianos, Policarpo declaró en el año 155 d.C, antes de morir, que había servido al Señor por 86 años. Por tanto, cuando se escribió el Apocalipsis, este hombre excepcional ya era obispo de Esmirna. Policarpo vivió plenamente el mensaje dirigido a la iglesia de Esmirna, especialmente, donde se lee:

“Permanece fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida”

Siempre, y a pesar de nuestras debilidades, vale la pena entregar la vida por Cristo Jesús, pues, Él mismo afirma: “El vencedor no tiene nada que temer de la segunda muerte”. El vencedor es aquel que muere en gracia de Dios porque ha hecho de su vida una ofrenda permanente a Jesucristo, Nuestro Señor. El justo vivirá eternamente porque la verdadera vida consiste en ver y alabar a Dios por toda la eternidad. El que vive en pecado es un muerto viviente y si muere en pecado mortal experimenta una segunda muerte, que es la condenación eterna: “El vencedor no tiene nada que temer de la segunda muerte”. Por eso, Dios mismo se alegra cuando un pecador se arrepiente y vuelve a la casa del Padre, como está escrito:

“Traigan el ternero más gordo y mátenlo, comamos y alegrémonos, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo he encontrado. Y se pusieron a celebrar la fiesta”
San Lucas 15, 23 - 24

Regresemos a la casa del Padre, frecuentemos el sacramento de la reconciliación. Solo así este mundo será diferente. La confesión no es, únicamente, para semana santa o navidad. La penitencia y la comunión son sacramentos de vida eterna. No puede haber resurrección sin muerte de cruz, tampoco puede haber comunión sin confesión.

Esmirna, en la antigüedad, era una ciudad próspera y llena de riqueza. Sin embargo, muchos de los cristianos de Esmirna, por seguir a Jesús, eran marginados socialmente. A muchos les saqueaban sus casas y eran perseguidos. Por eso, Jesús los saluda como pobres, aunque en su corazón eran ricos en virtudes cristianas: “Yo sé que tú sufres y eres pobre. En realidad, eres rico”. Para Dios, la riqueza de las buenas obras es superior frente a las riquezas materiales.

Los cristianos de Esmirna eran perseguidos, especialmente, por los judíos, los cuales estaban unidos al imperio romano y llevaban a muchos cristianos a la muerte. Por esta razón, Cristo les dirige unas palabras de aliento y califica a los judíos como lo que son:

“Yo sé cómo te calumnian los que pretenden ser judíos y que más bien son la sinagoga de Satanás. No te asustes de lo que vas a padecer. El diablo meterá en la cárcel a algunos de ustedes para ponerlos a prueba”

La cifra diez nos recuerda los diez mandamientos entregados por Dios a Moisés en el desierto durante los cuarenta años que duró la peregrinación del pueblo de Israel hacia la tierra prometida. De esta manera, el número diez significa poder para mandar. La expresión “diez días de prueba” se refiere al imperio romano de los primeros años que persiguió, sistemáticamente, a la primitiva comunidad de creyentes. Precisamente, hubo diez grandes persecuciones romanas contra el cristianismo, clasificadas de acuerdo a los nombres cada uno de los diez emperadores que las decretaron, a saber: Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano.

Después de leer estas líneas, estamos en la obligación de dar gracias a Dios por la posibilidad de profesar, abiertamente y sin prejuicios, la fe católica. No siempre ha sido así. A través de los siglos (y hoy en día, en los países musulmanes y comunistas), siempre se ha perseguido a la Iglesia. Satanás, comúnmente, ha mezclado la ostentación del poder político con ideologías anticristianas, como el comunismo ateo, la masonería, el islam, etc. Actualmente, estamos llamados a hacer un frente común contra las falsas ideologías y doctrinas que los medios de comunicación nos quieren vender, como: El código Da Vinci, la nueva era, el culto a los famosos, la pornografía, la inmoralidad sexual, etc. El diablo se vale de todas estas mentiras para justificar el pecado en el mundo y llevarlo a su perdición. No te dejes engañar… Tu alma eterna vale más que todos los sufrimientos y toda la pobreza que el cuerpo pueda resistir… Vale la pena seguir a Cristo… Toda pena, toda tristeza, toda escasez, toda contrariedad es efímera, es pasajera… La eternidad, en cambio, no tiene fin.

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que a pesar de las dificultades y contrariedades de la vida, seamos siempre fieles a Dios. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO